Cuando el viento de poniente y la lluvia se desatan sobre el
Estrecho, la travesía entre Algeciras y Tánger se complica y entrar en este
puerto se pone difícil. El 31 de diciembre de 1995 fue uno de esos días en los
que parecía que se había desencadenado el diluvio universal. De noche y
lloviendo a cántaros llegué con unos amigos, en un 4L, por primera vez, a
Tánger para visitar a una amiga que nos había dado como única referencia para
llegar a su casa, "que debíamos buscar las casas Buckingham en la Montaña Vieja; subiendo desde el bar La Fleur de la Montagne, teníamos que llegar hasta el nº
282 desde donde salía un camino tipo “camel” que acababa donde ella vivía".
En nuestro camino se interpuso un río turbulento que
arrastraba todo tipo de enseres y era imposible de cruzar. Gracias a las
indicaciones de los lugareños dimos la vuelta y abordamos la subida a la
Montaña por otro lugar.
Nuestra anfitriona no estaba, pero nos recibió el guarda y
nos condujo a una villa cercana donde se encontraba ella.
En el recibidor que comunicaba con un salón, músicos con
largas trompetas metálicas interpretaban una música estridente y calentaban sus
instrumentos en una especie de samovar. A la entrada del salón una mujer
vestida con una túnica vaporosa danzaba; varios hombres, nuestra anfitriona y
otra mujer, sentados en sofás, hablaban entre sí y un poco aislado, en un
sillón situado junto a una mesa camilla, había un hombre envuelto en una
mantita y con un apósito en la nariz.
Saludamos a los presentes, nos sentamos con ellos, nos
ofrecieron unos pastelitos y frutos secos y nos dijeron que no podíamos tomar
fotos.
Cuando se aproximaban las 12 de la noche encendieron la TV,
conectaron con el canal español que estaba retransmitiendo desde la Puerta del
Sol de Madrid, sacaron unas copas, una botella de champán y unas uvas y al son
de las doce campanadas cumplimos con el ritual de la llegada del año nuevo.
Después le cantaron cumple años feliz al señor de la mesa
camilla, que hasta entonces había permanecido como ausente sin decir una sola
palabra. Acabada la felicitación, éste se dirigió en español a uno de los
presentes para decirle que se quería marchar a casa. Todos salimos a
despedirlos y se marcharon en un viejo coche destartalado.
El ambiente reverencial y severo que había existido hasta
ese momento se esfumó con su marcha y los presentes, más distendidos, se
presentaron y nos contaron que se habían reunido para festejar el cumpleaños del
escritor Paul Bowles (el señor de la mesa camilla) del cual, ni yo ni mis
amigos, nunca habíamos oído hablar.
La mujer que danzaba era la dueña de la villa, Mme. Claude,
la traductora al francés del escritor. Daissy Buckingham, la propietaria del
hotel y los bungalows el Farhar y Mercedes Mestas eran las otras mujeres.
Varios escritores ingleses, un fotógrafo italo-suizo venido en exclusiva a
plasmar el evento, y un joven actor marroquí que había actuado en la película
de Bertolucci “El cielo protector” (1990) (tal vez Brahim Oubana) completaban
la asistencia.
Desde aquel 31 de diciembre de 1985, como residente durante
6 años por cuestiones de trabajo o como turista, he recorrido una y otra vez
los rincones de la ciudad, he leído su historia, sus mitos y sus leyendas
recogidos en centenares de obras literarias, he visto su transformación
urbanística y, sobre todo, he conocido a muchos tangerinos.
Varios itinerarios serán descritos a continuación para
mostrar los lugares más emblemáticos de la ciudad, destacando su valor arquitectónico, cultural y sobre todo
literario y que actualmente son los más visitados por los turistas.
Durante este tiempo la ciudad ha cambiado, muchos lugares se
han restaurado y embellecido, se han construido modernas infraestructuras, los
barrios residenciales, ricos y pobres, han seguido ocupando colinas y vaguadas
y comiéndose los pueblos cercanos, se han creado modernas zonas industriales;
aunque en esta vorágine constructora, algunos edificios antiguos y rincones típicos han desaparecido.
TANGER EN LA LITERATURA
Son numerosos los documentos escritos que hacen referencia a
Tánger, bien relatando sucesos históricos, describiendo la fisionomía de la
ciudad y de los habitantes, así como sus costumbres o bien novelando hechos
reales o imaginarios que han ocurrido en ella.
Recopilando bibliografía de publicaciones sobre Tánger he
encontrado más de seiscientas, muchas realizadas por escritores o profesionales que han nacido
o vivido aquí, pero muchas otras de escritores o viajeros que
solo han visitado la ciudad unos días. Conseguir las publicaciones originales es prácticamente imposible y tampoco cabrían todas en este blog, pero en el desarrollo de los recorridos se irán mencionando algunas.
Para conocer todas las publicaciones hay un problema añadido que es la lengua en la que se han escrito, siendo accesibles para mi solo las escritas o traducidas en español, francés o inglés, pero no en otras lenguas, sobre todo en árabe.
Algunas hacen una compilación de autores que
han escrito sobre Tánger, entre ellas hay que señalar las siguientes:
Para entender la prolífica literatura que ha inspirado
Tánger es necesario no solo recorrerla sino también conocer brevemente su
historia.
Aunque hay numerosos libros en los que se cuenta la historia de
Tánger y que recogen, además, una amplia bibligrafía, cito solamente cuatro de ellos:
1-Villes et
Tribus du Maroc. Volume VII : Tanger et sa Zona por Édouard Léon
Michaux-Bellaire. Editions Ernest Leroux. Paris 1921. Reedición :
Falcultées des Lettres et Sciences humaines de Rabat et de Tétouan. 2013.
2-A Arquitectura dos Portugueses em Marrocos. 1415-1769 de
Pedro Dias. Livraria Minerva Editora. Lisboa 2000.
3-Tingitana en la antigüedad tardía (siglos III-VII) de Noé
Villaverde Vega. Real Academia de la Historia. Madrid 2001.
4-Historia de Tánger. Leopoldo Ceballos López. Editorial
Almuzara. 2013
En el año 707 Musa Ibn Noceïr conquistó Tánger y dio el poder al bereber convertido al Islam Tarîq Ibn Ziyâd iniciándose la islamización de las tribus que profesaban el paganismo, el cristianismo o el judaísmo. Idrisidas, Omeyas, Almorávides, Almohades y Merínies (Benimerines o merínidas) hicieron de Tánger un importante puerto militar.
Entre 1471 los portugueses conquistaron la ciudad y permanecieron hasta 1581; en este período reconstruyeron y reforzaron las murallas árabes añadiéndoles nuevos torreones.
En 1581-1643 pasó a depender de la corona española por la
muerte del rey portugués, Sebastián, en la batalla de los Tres Reyes. Portugal perdió su
independencia al heredar Felipe II el reino, aunque Tánger siguió siendo
gobernada desde Lisboa.
Entre 1643-1661 Portugal recuperó su independencia y Tánger
perteneció de nuevo a la corona de este país. Mientras tanto sufrieron
numerosos ataques capitaneados por El Ghailan.
En 1662 el rey de Portugal cedió Tánger al rey de Inglaterra como dote por el matrimonio con su hija. Los ingleses permanecieron aquí hasta 1684, repararon las murallas y les añadieron nuevos bastiones para proteger a la ciudad de los ataques de El Ghailan, como la torre de Peterborough en Bab El kasba, la torre de los irlandeses frente al cementerio judío, la torre del Este en Bab Dar Ed-Debbagh. La muralla oeste fue doblada sobre la segunda parte de su longitud por un muro que iba hacia la torre de los irlandeses y entre Siaghins y en la actual bab el Fahs se construyó el fuerte Catalina. En el interior de la Kasba se reparó un castillo en ruinas y se conectó con York Castle, igualmente restaurado. Además, se construyeron una serie de fortificaciones fuera de la ciudad.
Se cree que es en esta época en la que El Ghailan construyó unas fortificaciones en la desembocadura del río El-Halq sobre 1665, aunque algunos arqueólogos defienden que ya existían en la época de los merínies y que él sólo las reforzó.
Samuel Pepys, desde Inglaterra, recogió en un diario lo que sucedía en el Tánger inglés y lo que encontró cuando residió en la ciudad durante 6 meses en 1683 (se dice que vivió en Dar Zero y que fue allí bajo la higuera donde escribió que “Tánger debía convertirse en la plaza más importante del mundo del rey Carlos II de Inglaterra”).
En 1684 Moulay Ismail de la dinastía Alauita, con un
ejército de rifeños conquistó la ciudad y nombró Pacha a Ali Ben Abdallah Er-Riffi.
Antes de partir los ingleses intentaron destruir la ciudad, aunque estudios
recientes ponen de manifiesto que la destrucción no fue tan grande como se
cuenta en algunas crónicas y Er-Riffi volvió a reconstruir lo destruido y
levantó un inmenso palacio en la Kasba.
Tras la muerte de Moulay Ismail se sucedieron una serie de
revueltas porque todos sus hijos pretendían sucederle. Ali Ben Ali Er-Riffi que
en principio había tomado partido por Moulay Abdallah, acabó sublevándose
contra él y murió en una batalla en 1743 cerca de Kasar Kebir donde fue
enterrado. Sus bienes fueron confiscados por Moulay Abdallah, aun así, el
gobierno de la ciudad se mantuvo en poder de la familia de Er-Riffi hasta 1766.
En 1777 Sidi Mohamed Ben Abdellah (Mohamed III) la convirtió
en la capital diplomática de Marruecos al concentrar en ella todas las
representaciones diplomáticas. Es a partir de esta época y sobre todo durante
el s. XIX cuando numerosos viajeros, escritores y pintores empezaron a visitar
la ciudad.
En 1790 fue proclamado Moulay Yazid, su cuñado Moulay Moslama fue nombrado Khalifa de la región norte y puso a Et-Taher Fennich Es-Slaoui como comandante de Tánger.
En 1792 murió Moulay Yazid y fue proclamado Moulay Sliman que
puso como comandante de Tánger a Moulay Et-Tayyeb, siendo reemplazado en 1798
por Abdallah ben Abdelmalek. Tras unos años de cambios volvieron al poder los
descendientes de Ali Ben Abdallah El-Riffi (1813-1816) y se sucedieron una serie
de gobernadores y pachás de esta familia. En 1844 una flota francesa bombardeó Tánger. En 1860
tuvo lugar la guerra con España y la toma de Tetuán.
Estos sucesos provocaron el inicio de un período de
debilidad de Marruecos.
Bajo el reinado de Moulay El-Hassan (Hassan I) (1873-1894)
determinadas cofradías como la de los Derqaua y la de Ouazane alcanzaron mucho
poder y apoyaron en 1891 a la región de Anjera en su enfrentamiento a la
autoridad del pachá de Tánger. La inseguridad de la zona se agravó por las
actuaciones de El Raisuni.
El 15 de enero de 1906 se inició la Conferencia de Algeciras
en la que se firmaron una serie de acuerdos entre 13 potencias internacionales
por los que Marruecos perdió el control militar y económico de Tánger y pasó a
ser gestionada por una junta municipal internacional.
En 1912 se firmó el Tratado del Protectorado de Marruecos por
Francia y España en el que se acordó un régimen especial para Tánger, que fue definido
en 1923 cuando tuvo lugar la Convención sobre el régimen de la zona de Tánger y
se aplicó el Estatuto Internacional.
De 1940-1945 fue ocupada por España. Al finalizar la Segunda
Guerra Mundial volvió a recuperar el Estatuto Internacional.
Es durante esta época cuando hay una explosión de
publicaciones sobre Tánger en diversas lenguas: español, francés, inglés,
árabe, italiano….
En 1956, bajo el reinado de Mohamed V, con la independencia
de Marruecos, se anuló el Estatuto Internacional, aunque el régimen
internacional se mantuvo hasta 1960 en que se reintegró al territorio nacional
marroquí.
Después de la independencia, la mayoría de los extranjeros y
los judíos marroquíes se marcharon del país y la ciudad entró en un proceso de
deterioro, teniendo que esperar hasta la llegada al trono de Mohamed VI en 1999
para que se modernizasen las infraestructuras y se iniciase la
industrialización.
“Si digo que Tánger me impresionó como si fuera una ciudad de ensueño, hay que interpretar esta expresión en su sentido literal. Su topografía era rica en escenas típicamente oníricas; calles cubiertas parecidas a pasillos con, a cada lado, puertas que se abren a habitaciones, terrazas ocultas dominando el mar, calles que no eran más que escaleras, callejones sombríos, pequeñas plazas organizadas en lugares en pendiente, tan bien que se podría decir son los decorados de un ballet dibujados despreciando las leyes de la perspectiva, con callejuelas saliendo en todas las direcciones. Se encuentran también allí túneles, murallas, ruinas, torreones y acantilados, tantos lugares clásicos del universo onírico.” Paul Bowles. Tanger une ville de rêve.
Mohamed Choukri fue el contrapunto que rompió el mito.
“Tánger el sueño. Tánger toda desnuda, diáfana, admirada y
cristalina. Tánger el mito, la Montaña, el eco de todas las voces. Solía
ignorar que si no se sabe beber su vino embriagador Tánger nos quiebra.
Tánger-Circe”. Mohamed Choukri. El tiempo de los errores.
“Son muchos los que han hablado o han escrito sobre la
ciudad basándose únicamente en quimeras, en pasiones y placeres, en fantasías.
Para todos ellos, así como para los que llegaron movidos por las ganas de
descansar, o de olvidar sus desgracias Tánger no resultó ser más que un burdel,
una hermosa playa o un confortable sanatorio.” Mohamed Choukri. Paul Bowles, el
recluso de Tánger. 2012
“Tánger era, me han dicho, la amante deseada por nueve
gigantes que la amaban violentamente. Cada uno de ellos, para obtener la
victoria, ha plantado su bandera en lo alto de la ciudad. Pero Tánger se
escabullía siempre. Temía el abrazo y prefería vivir en los silencios de su
memoria. ¡Qué no se dice! Tánger se esconde en las miradas de sus niños, en sus
sonrisas fugaces, en sus paraísos inconfesados. Ella se ofrecía, engañaba,
prometía, se escabullía, volvía, flirteaba y no se acostaba más que con ella
misma. Una verdadera ciudad histérica. Sus noches se sucedían y sus amantes
también.” Mohamed Choukri. Tanger, nervures secrètes de mes racines. 1990.
“Me hubiese gustado embarcarme para Tánger. Las películas y
las novelas han hecho de esta ciudad un lugar terrible, una especie de garito
donde los jugadores negocian los planos secretos de todas las armadas del
mundo. Desde la costa española, Tánger me parecía una ciudad fabulosa. Era el
símbolo mismo de la traición” Jean Gênet. Journal du voleur.
A partir de los años 2000 Tánger y sobre todo el Tánger Internacional vuelve a ponerse
de moda y numerosos escritores pasean de nuevo a sus espías por la ciudad.
Así vieron la ciudad algunos escritores que la visitaron:
1- Alí Bey. Viajes por Marruecos. 1803.
“La ciudad de Tánger por la parte del mar presenta un aspecto bastante
regular. Su situación en anfiteatro, las casas blanqueadas, las de los
cónsules, de arquitectura regular, las murallas que rodean la ciudad, la alcazaba
o castillo, edificado sobre una eminencia y la bahía, bastante capaz y rodeada
de colinas, forman un conjunto bastante bello, pero cesa el encantamiento al
poner el pie en la ciudad y verse uno rodeado de todo lo que caracteriza la más
repugnante miseria.
Excepto la calle principal que es algo ancha, y que desde la puerta del
mar atraviesa irregularmente la ciudad de levante a poniente, las demás son tan
angostas y tortuosas que con dificultad pueden pasar de frente tres personas.
Las casas, tan bajas que en la mayor parte se puede tocar el techo con la mano.
Dichos techos son todos llanos y cubiertos de yeso. Pocas casas hay que tengan
piso alto.”
“Las murallas que rodean la ciudad se encuentran en un estado completamente ruinoso. Hay torreones redondos y cuadrados; por la parte de tierra las ciñe un gran foso igualmente arruinado, plantado de árboles y cercado de huertas.”
2- Vassili Pétrovitch Botkine. Cartas sobre España. Carta V:
La ciudad de beduinos. (1845).
“Tánger es sucia; sus calles estrechas, donde rueda todo
tipo de inmundicias, se parecen a pasillos; las casas no tienen ventanas, solo
muros, con puertas siempre cerradas: todo parece más a una prisión que a una
ciudad.”
3- Alexandre
Dumas. De Cadix à Tanger: Le Véloce. Noviembre de 1846.
“De un lado, se destacaba, bajo las primeras luces del
amanecer, la torre que corona el Cabo Malabata, mientras que, del lado opuesto,
apenas se distinguía, del lado de Cabo Espartel, Tánger todavía dormida al
borde del mar”.
4- Fernand de
Schickler. Notes du voyage. Le tour du monde. 1860.
«A la llegada, a primera vista es encantadora; construida en anfiteatro y destacándose sobre el azul del cielo y del océano, la ciudad expone a la vista sus numerosas casas blancas con terrazas planas, sus dos minaretes, uno rosa y el otro verde, sus viejas murallas almenadas y la ciudadela a la derecha dominando todo.”
5- Marc Twain. Le
voyage des innocents. 1867.
“He aquí una ciudad atestada de gente y completamente llena,
encerrada en una muralla de piedra maciza que tiene más de mil años. Casi todas
sus casas tienen uno o dos pisos; están hechas de espesos muros de piedra
recubiertos de yeso en el exterior, cuadradas como cajas, planas en lo alto
como un suelo, sin cornisas, todas blanqueadas con cal - ¡una ciudad de tumbas
nevadas llena de gente! Y las puertas tienen ese arco particular que se ve en
las imágenes de las ciudades árabes; el suelo está recubierto de ladrillos
multicolores en rombos con pequeños cuadrados de azulejos de todos los colores
trabajados en los hornos de Fés.”
6- Pierre Loti.
Voir Tanger: Un éboulement de cubes de pierres. 1889
“Desde las costas del
sur de España, desde Algeciras, desde Gibraltar se percibe allá abajo, en la
otra orilla del mar, Tánger la Blanca. Está muy cerca de nuestra Europa, esta
primera ciudad marroquí, posada como una vedette sobre la punta más al norte de
Africa… Vista de lejos, parece casi risueña, con sus villas de los alrededores
construidas a la europea en sus jardines.”
El estrecho de Gibraltar con la costa española al fondo
7- Truman Capote.
Impressions de voyage. 1949.
“Coronada por colinas, girada hacia el mar, este promontorio
alto y blanco, que parece una cola de toda la costa africana, es una ciudad
internacional con un clima excelente, ocho meses sobre doce; en general desde
marzo a noviembre… por lo demás, casi todo, en Tánger es anormal y antes de ir
deberéis tener cuidado con tres cosas: vacunaros contra el tifus, retirar todo
vuestro dinero del banco, decir adiós a vuestros amigos”.
8- Marie Pascale
Rauziar. Couleurs du Maroc.” 1960.
“Tánger posee la luz de las ciudades mediterráneas. Su
corazón bate en medio de un laberinto de callejuelas entrecruzadas que suben y
bajan, de callejones pavimentados, de terrazas tranquilas. Con sus fachadas
impregnadas de arquitectura española, la ciudad ha impuesto desde hace mucho
tiempo su color. Sus contrastes han inspirado a innumerables poetas, escritores
y pintores, venidos a descubrir los misterios de Oriente, desde principios del
siglo XIX. Para Eugène Delacroix, Tanger
“la blanche” fue una revelación.”
9- Attilio Gaudio.
Rif, terre d’épopée et de légende. 1962.
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PRIMER ITINERARIO: MARCHAN-BARRIO DE HASNONA-CALLE ITALIA
Se continuará su elaboración......














































